| 29-10-04
Me llamo Joan Bruno, vivo en Guadalajara y este es mi testimonio.
Llevo 7 sesiones de apiterapia y todavía estaré
algunas más. No sé cuantas, pero creo que ya merece
la pena mi testimonio.
Tengo espondilitis desde los 17 años, he tenido brotes
durante muchos años, y ahora tengo 31.
Los que tenemos esto (o hemos sufrido esto) sabemos lo que es.
Te afecta a tu vida personal y a tu estado de ánimo. Y
llega ese momento en el que se te olvida lo que es estar bien.
Mi último brote agudo lo tuve entre 1.995 y 1.998. Fue
muy fuerte, pero yendo a nadar casi a diario (no entiendo a los
que dicen que nadar no es bueno, para mí lo es todo) y
tratando de tomar los menos medicamentos posibles (Indometacina,
cuando no puedes más) siempre he salido adelante.
Eso sí, los brotes y las molestias se miden por años
(¡años de mi vida!, cuando eres joven eso no tiene
precio).
Cuando aprobé la oposición (año 2.000) empecé
con largos paseos por el campo. Poco a poco se fue convirtiendo
en correr, bicicleta,….., era maravilloso, cosas que no
he practicado desde los 15 años. Se puede decir que mi
estado hasta el año 2.004 ha sido de felicidad (tal vez
esa paz que te da no tener que opositar más, haya influido),
y me refiero a felicidad con la salud. Pero precisamente en mayo
de 2.004, cuando mejor estaba, empezó un brote que me hizo
revivir los años peores. Este año 2.004 llevaba
nadando todos los días desde enero (y no exagero) unos
2 Km. diarios, suavemente, sin forzar. Y, gracias a esto, el brote
no me llegó a afectar a la espalda (la tengo en mejor estado
que cualquier persona sana, os animo a que no la descuidéis
y vayáis todos a nadar).
Una noche noté cómo venía el dolor a las
primeras vértebras, fue una noche horrible. Así,
con dolores en los pies que me impedían apenas andar, con
la baja médica, con 2 o 3 pastillas de Naproxeno 500 mg.
diarios, he pasado el verano jodido, un poco bastante “depre”
y sin salir de casa. Y con dolores.
He seguido yendo a nadar, para mí es lo único que
me sirve, aunque no me ha solucionado nada de los pies (ni de
un dedo de la mano que también se me inflamó). Lo
del dedo me preocupaba más que lo de los pies, porque soy
pianista y ya sí que me empezaba a tocar las narices esto
de la artritis (nunca me había afectado en las manos).
Pero ajo y agua, como se suele decir.
El caso es que un día mi hermano me hizo uno de los mayores
favores que nadie me ha hecho. Gracias Pep de todo corazón.
Me habló de Pedro Pérez y de la apipuntura.
Yo ahora quiero aclarar varias cosas. Yo no soy una persona supersticiosa,
ni religiosa, ni nada parecido. Me considero escéptico,
pero no estoy cerrado a nada, y menos con dolores tremendos y
nadie que me dé soluciones de verdad. Pero hay cosas que
creo que me negaría a hacer. Cuando empecé con esto
a los 17 mi madre, que como todas las madres daría todo
por mí y por mi salud, me llevó a todos los lugares
que pensó me podrían ayudar. Unos merecieron la
pena, otros no. Visité a los mejores médicos especialistas
en espondilitis, la doctora Rotés en Barcelona, una eminencia.
También fui a curanderos, incluso a alguno espectacular,
como aquel filipino que te ponía un vaso en la espalda
y sangrabas y ya está. También aquel homeópata
de prestigio que veía una vez a la semana.
Después de probar tanto, me quedé con la piscina
y el piano. Lo de los curanderos no pienso repetirlo. Y tampoco
pienso ir a Lourdes ni a Fátima, me niego.
El caso es que lo de las abejas sonaba extraño, pero inofensivo.
Incluso interesante. ¿Qué puede pasar de malo? ¿Es
caro?. Si es real lo que cuentan yo pagaría diez veces
más. Me pareció razonable y las historias que leía
o me contaban me parecían escalofriantes. Alguna me hizo
llorar. Yo sólo pensaba una cosa, que creo que piensan
todos los que están enfermos crónicos: que igual
pasaban 2 años sin poder correr o apenas andar (o más
años) y que cual sería el siguiente dolor, ¿la
espalda, la cadera, el tórax….?. Pasé un día
junto al Hospital Gregorio Marañón y vi pasar una
mujer con espondilitis muy avanzada, de unos 50 o 40 y tantos….
Se me cayó el alma al suelo. Yo no quiero acabar así,
por favor, haré lo que sea por no sufrir así.
Pero es una enfermedad crónica y te dicen que tomes antiinflamatorios
y que te cuides, ¡yo ya hago todo eso!.
Primera sesión, 16 de Septiembre 2004, jueves. Prueba de
alergia, todo bien y, más o menos 3 picadas. Estimular,
generar cortisona (glándulas suprarrenales) y una primera
toma de contacto. Una de las primeras sensaciones que recuerdo
claramente fue el estado de ánimo. Desde entonces me noto
optimista, con mejor humor.
Ya el primer día noté muy buenas sensaciones, el
veneno de la abeja tiene un gran poder antiinflamatorio. A día
de hoy debo decir que lo mejor de todo (aparte de recuperar calidad
de vida), es que desde el principio del tratamiento se terminó
la medicación. Eso es genial, sabes que no haces daño
a tu cuerpo.
La segunda sesión (son sesiones semanales) ya fueron 5
picadas. Empiezo a aprender un poco sobre las abejas. Es un mundo
fascinante. Me indigna que ningún reumatólogo me
hablase nunca de ello.
Tercera sesión. Me llega las crisis curativa y me paso
dos días en la cama. Es parecido a una gastroenteritis,
es como un virus. A todo esto, tengo unos picores tremendos, de
vez en cuando, que intento aliviar con hielo, con un rodillo de
acupuntura y con la arcilla, aunque lo de la arcilla es muy pringoso.
Creo que hay que decir que en este punto es fácil desanimarse.
Ves pequeñas mejorías, pero tienes fuertes dolores
y sigues sin poder andar, y tampoco aguantas el ritmo de vida
de los demás. Creo que se puede pensar que esto no funciona.
Yo me consolaba pensando que, al menos, no tomaba medicación,
y que para mí ya era un gran avance. Pero entiendo que
alguien con problemas económicos pueda pensar que no compensa
el sacrificio.
Mi experiencia a día de hoy es que hay que tener paciencia.,
porque a mí me está funcionando y merece la pena.
En la quinta sesión noté una gran mejoría.
La sexta semana fue un poco dura, porque tuve una agenda muy apretada.
Estoy en la séptima semana. Me noto mucho mejor. Ya empiezo
a andar con normalidad. Estoy usando el transporte público,
que hace 5 meses que no podía usar. Tengo la convicción
de que esto funciona. Ahora voy a la piscina y me paro un rato
a masajearme los pies y las piernas. Identifico claramente los
puntos de dolor y veo cómo, semana a semana, el veneno
da pasos de gigante hacia la curación.
Sé que estoy en la recta de salida y en sólo 2
meses, sé que he ganado años de mi vida.
Gracias Pedro. Gracias abejas.
|