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Mi testimonio, es uno más. Es uno más de las muchas
personas que acudimos a Pedro desesperados. Desesperados de no
poder encontrar solución a nuestros problemas, es decir,
a nuestra salud y a nuestra vida.
Mi vida, como otras muchas, ha sido un calvario, un constante
sufrimiento. Un incesante preguntarme el porqué de este
dolor, si mi vida iba a ser ya siempre así. Impedido, sin
ilusión por nada, sin poder descansar ni de noche ni de
día, lleno de dolores en el cuerpo y en el alma.
Yo había recurrido a todos los medios privados que tenía
a mi alcance, a todos los recursos que me proporcionaba la Seguridad
Social. Pero nada, mis dolores no desaparecían, mi desesperación
bloqueaba mi mente y era incapaz de pensar y poder encontrar algún
sentido a todo esto.
Para mí, particularmente, fue una ruptura con mi pasado.
Pasado, lleno de actividad en lo personal, profesional, deportivo
y humano.
Ruptura que yo no asimilaba, pues el mero hecho de planteármelo
me aterrorizaba, me llenaba de angustia e impaciencia. En fin,
algo que no se lo deseo a nadie. Y lo peor de todo, que no veía
que nada ni nadie podía solucionármelo y sacarme
de este pozo sin fondo.
Pero mira por donde, el destino o no se que, hace que por circunstancias
de la vida llegue a las manos de Pedro. A conocerle, a aprender
de él constantemente, no sólo en lo profesional,
sino también en lo humano.
He aprendido a valorar más la vida, mi vida y todo lo que
me rodea. Es decir, a ser yo mismo, con nuevas ilusiones y renovadas
esperanzas de no volverme hacia a tras y olvidarme del pasado,
y todo gracias a ti buen amigo.
Tú, Pedro, eres el culpable de todo esto, sin olvidarme
de ellas, "las abejitas", que han dado su vida por mí
sin pedirme nada a cambio.
Sabes Pedro, que me sobran palabras para agradecerte tanto bien.
Me ha llamado la atención tu sencillez. Me agrada tu bondad
y generosidad, y me sorprende tu sabiduría.
"Gracias por todo amigo Pedro"
Fernando Martín Escolar Getafe, 28 de Julio de 2005
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